La casa de Acapulco donde Diego Rivera convirtió los muros en viento
Publicado: 31 de julio de 2026 a las 11:00 a.m.
Por Netzahualcoyotl Lozano
Acapulco guarda un Diego Rivera a plena vista
No necesitas entrar a un museo para encontrarte con una obra de Diego Rivera en Acapulco. Sobre la calle Inalámbrica, en el fraccionamiento Las Playas, una serpiente de mosaicos y relieves se extiende por la fachada de la Casa de los Vientos.
La obra puede observarse desde la vía pública y convertirse en una parada cultural antes de continuar hacia La Quebrada. Sin embargo, lo visible desde la calle es apenas una parte de lo que Rivera realizó en este inmueble durante los últimos años de su vida.
La casa donde Rivera trabajó frente al Pacífico
La Casa de los Vientos fue construida en 1943 y adquirida por Dolores Olmedo en 1948. Posteriormente se añadió un estudio para Diego Rivera, quien realizó dos murales en los techos, uno en la terraza y dos sobre la fachada. También pintó una serie de 25 atardeceres y preparó ahí su última exposición.
Rivera vivió una temporada en Acapulco entre 1956 y 1957. El inmueble fue para él estudio, refugio creativo y punto de observación del mar, no solamente una casa prestada por una amiga.
En 2013, autoridades culturales y la Fundación Carlos Slim adquirieron el inmueble con el propósito de conservar las obras y adaptarlo como Centro Cultural La Casa de los Vientos. FIDETUR aclara que el espacio no está considerado formalmente como museo.
Quetzalcóatl y Tláloc aparecen entre piedra y conchas
La obra más conocida de la fachada recibe el nombre de Exekatlkalli o Ehecatlcalli, expresión relacionada con la “Casa de los Vientos”.
En ella aparecen representaciones de Quetzalcóatl y Tláloc construidas en relieve y recubiertas con pequeños mosaicos, fragmentos de azulejo, piedra volcánica, cantera y conchas marinas. Rivera terminó el mosaico exterior en 1956, después de aproximadamente 18 meses de trabajo.
No se trata de una pintura plana. Las figuras sobresalen del muro, cambian con las sombras y obligan a observar la fachada desde distintos ángulos.
El texto original calcula una superficie aproximada de 70 metros cuadrados, pero esa cifra no aparece en los registros oficiales consultados. Por eso, no debe mantenerse como dato comprobado.
No existe solamente un mural
Hablar únicamente de “el mural de Diego Rivera” deja fuera buena parte del conjunto.
Además de los relieves exteriores, Rivera creó dentro de la casa un paisaje marítimo en el que Dolores Olmedo aparece como sirena, así como la imagen de un sapo-rana que representa al propio artista ofreciendo un corazón y una paleta.
El Sistema de Información Cultural registra dos murales en el techo, uno en la terraza y dos en la fachada. Esto convierte al inmueble en un conjunto artístico y no solamente en una pared decorada.
El exterior puede observarse; el interior no debe prometerse
La fachada es visible desde la calle. El acceso al interior, en cambio, no está claramente confirmado.
El Sistema de Información Cultural todavía identifica al recinto como “en remodelación”, aunque también publica horario de oficina y talleres de lunes a viernes, de 10:00 a 18:00 horas. El registro fue actualizado por última vez en septiembre de 2025.
En la revisión realizada para esta publicación no se localizó un anuncio oficial posterior que confirme una reapertura completa para visitas interiores durante julio de 2026.
Por ello, Solo Acapulco debe recomendar:
- Admirar la fachada desde la vía pública.
- Confirmar directamente el acceso antes de planear una visita interior.
- No ingresar a espacios cerrados ni áreas privadas sin autorización.
- Utilizar calzado cómodo por la pendiente de la calle.
- Evitar bloquear accesos, banquetas o cocheras.
FIDETUR también recomienda comprobar horarios y aforo antes de acudir.
Una parada cultural camino a La Quebrada
La visita exterior puede durar entre 15 y 20 minutos, dependiendo del tiempo dedicado a observar los detalles y tomar fotografías.
La mejor forma de integrarla en una tarde es combinarla con otros puntos del Acapulco Tradicional: la Casa de los Vientos, La Quebrada, Sinfonía del Mar y los corredores históricos cercanos.
El atractivo no está solamente en decir que Diego Rivera trabajó ahí. Está en reconocer cómo incorporó materiales asociados con la costa —conchas, piedra y color— a una de las últimas etapas de su obra.
Acapulco no es únicamente escenario de playas y hoteles. También fue taller de artistas, punto de encuentro cultural y paisaje capaz de transformar una fachada en memoria.
Sugerencia de video: producir un recorrido propio desde la calle, con acercamientos a los relieves y una explicación breve de Quetzalcóatl, Tláloc y los materiales. No se encontró un video oficial reciente que confirme el estado actual del interior.
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